Estos días hemos tenido la oportunidad de entender por fin lo que es el surrealismo. Si no fuera porque resultan dramáticamente reales, las noticias que hemos leído estos días en la prensa son dignas del día de los inocentes. Primero nos enteramos de que una mujer afgana violada ha sido condenada a 12 años de prisión por adúltera, cuando el que estaba casado era el violador. Pero por si esto no fuera poco, para evitar la condena se ve obligada a contraer matrimonio con su agresor…

La segunda noticia tiene, para más inri, color español: resulta que dos individuos que asesinaron a sus cónyuges llevan años cobrando la pensión de viudedad. El mundo al revés. Menos mal que se está intentando arreglar el desaguisado aplicando la Ley integral contra la violencia de género.
Por último, y por si las mujeres saudíes no tuvieran bastante con aguantar la discriminación que padecen, unos gurús religiosos declaran que si las mujeres pudieran conducir no solo aumentaría la prostitución, la homosexualidad, la pornografía y los divorcios, sino que se acabarían las vírgenes del país…
En fin, surrealismo puro y duro.





