Estos días ha vuelto a recrudecerse la polémica sobre si es necesario establecer cuotas femeninas en la dirección de las empresas. Solo un 19% de la ciudadanía europea se muestra partidaria de las cuotas, lo que da una idea de su impopularidad. Son los que piensan que el mérito no entiende de sexos, que sería perjudicial para la mujer ser elegida solo por ser mujer. Pero la verdad es que las estadísticas (con datos obtenidas del diario El País) hablan por sí solas sobre la presencia femenina al frente de las empresas europeas:
Ante dicha situación, la Unión Europea votó el pasado día 8 una propuesta para establecer cuotas en los 27 países que la forman. El resultado fue un informe no vinculante en el que se pide a las empresas, sobre todo las de participación pública, que tomen iniciativas para que la mujer se incorpore a los puestos directivos. En el caso de que no se adopten medidas al respecto, la Comisión Europea podría obligar a tomarlas. ¿Cuáles son las razones por las que la mujer no forma parte de los equipos directivos y de los consejos de administración de las grandes empresas? Se ha apuntado a las dificultades para conciliar vida laboral y familiar y a la lenta pero inexorable incorporación de la mujer al mundo laboral. El caso es que los países que han impuesto las cuotas han conseguido que la mujer se haga visible en este ámbito tradicionalmente reservado a los hombres.





